Extrañar el ayer es una consecuencia de este impedimento. Cuando caminaba a largas horas para disfrutar de un segundo de alguien que no eras tú. Cuando no me importaba robar un beso, pedir una caricia o coger de la mano a alguien que no eras tú. Siento que todo se ha perdido y me mata sumergirme en la superficialidad de los momentos sin significado; hay quienes ya se acostumbraron y no se percatan de la diferencia, por eso se les es más fácil olvidar; allá ellos, yo sigo aquí. No se cuanto tiempo más porque el imán de lo intrascendente me atrae cada vez con más fuerza.