A pocos días de las elecciones y con el tarjetón listo para marcar con una X  a los futuros congresistas del país, me detuve a realizar una lista de peticiones para seducir a quien desde su aspiración desee quedarse con uno de los millones de votos que se depositarán el próximo domingo en las urnas.

Inicialmente, quisiera que me obsequien un tamal con chocolate servido el domingo en la mañana para pasar el acostumbrado guayabo de la siempre violada y fracturada ley seca. Pero como el guayabo es consecuencia de una buena noche de copas, aquel que desee llevar mi X, tendrá que lograr llevarme al límite del exceso con el alcohol, producto de unos buenos aguardientes, unas cervezas frías y la siempre bien recibida compañía femenina.

Todo esto como antesala a mi visita a las urnas. Pero como en Colombia nos tienen acostumbrados a valorar nuestro trabajo, esto no lo es todo. Mi pliego de peticiones incluye un "palancaso" para ubicar a mi desempleada prima, quien desde el 2008 se encuentra en casa debido a que su inconcluso bachillerato solo le alcanzo para trabajar unos meses en el almacén de mi tía. Además, solicitó me envíen con urgencia una brigada de pavimentación, ya que el acceso a las fronteras de mi casa es cada día más difícil gracias al deterioro del cemento, andenes y zonas verdes.

Como no quisiera irme a casa sin manifestar por quien encamine mi intención electoral, requiero se me entregué un kit completo de distinción como votante (gorra, camiseta y bandera) . Así pues me iré a casa tranquilo, con un guayabo menos y con la tranquilidad de saber que en esta ocasión pude sacar algo a cambio por aquel ticket que servirá a otro para obtener cientos de beneficios, cometer decenas de delitos y engañar a quienes de una u otra forma fuimos cómplices de su llegada al congreso.